Jacob David Voluntario

La experiencia de David, un voluntario que se crió en una granja de cerdos

“Me emociono recordando como jugaba de niño con los cerdos en las granjas de mi familia, totalmente ajeno a la dura realidad de aquellos animales, que meses más tarde irían al matadero para ser transformados en comida. Siempre quería tocarlos y me encantaba entrar en sus pequeñas cuadras para que se acercaran a mí.

Muchos años después, cuando llegué por primera vez a Santuario Gaia como voluntario y conocí a Patricia, me di cuenta de que había jugado con centenares de individuos como ella en mi vida, pero nunca había mirado a los ojos a ninguno.

Hoy Jacob, Patricia, el resto de animales del santuario y yo, podemos jugar felices mirándonos a los ojos. Nuestras miradas tienen la paz de quién se sabe libre.

Gracias Jacob por compartir tu mirada conmigo.”

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