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El rescate de Guillem y Ramón

Esta es la experiencia de Felicidad, una de las activistas por los derechos animales que participó en el rescate de Guillem, Ramón y otra cerdita que murió al día siguiente por el mal estado en el que se encontraba:

“A la primera que vimos fue a la cerdita, que estaba dentro de una acequia. Nos lanzamos a la charca tres o cuatro personas. En la vida había visto a un cerdito tan de cerca, la pobre estaba muy asustada y cansada. Dentro de lo que cabe fue fácil cogerla, a pulso entre tres personas, y una vez arriba se quedó tumbada como diciendo: “hacedme lo que queráis” y le pusimos una mantita por encima porque la pobre estaba agotada.

Con Ramón y Guillem la cosa costó más. Iban los dos juntos dentro de la acequia. Uno de ellos era como el líder, a donde iba uno, iba el otro. Iban de un lado a otro de la acequia. Empezamos con el más “dócil”, al que le pudimos poner una cuerda por el cuello. ¡Madre qué piel más delicada que tienen! pobrecitos… Y empezó a gritar como si lo estuviéramos matando, unos chillidos increíbles.

Todos juntos, como en Fuenteovejuna y al grito de ” ¡¡¡vamosssss, arribaaaaa, pequeñoooooo!!!”, lo pudimos sacar de la acequia. El pobre se cayó encima de mí y Carla, otra de las activistas, encima del cerdito. ¡¡Qué momento!!, era tan grande la emoción de haberlo sacado que no os podéis imaginar la sensación.

Se quedó también tumbado en la tierra y fuimos a por el otro. Éste era un poco más duro. Intentábamos lanzarle la cuerda al cuello, pero al final logramos echarle la cuerda en una pierna y pudimos lanzaros a su rescate. Gritaba igual de fuerte que su hermano y después de dos intentos, gritando para darnos fuerzas, conseguimos sacarlo también.

De mi mano se comió un trocito de manzana y casi me muero de la emoción. Una vez que descansaron, trajimos la furgoneta y empezó la odisea de meterlos dentro. Primero con la cerdita, que fue más fácil porque sólo fue cogerla entre cuatro y meterla dentro, pero con Guillem y con Ramón, hubo que andar hasta la furgoneta, que estaba más apartada para que no se quedase en ninguna zanja.

Una vez dentro, se quedaron muy pero que muy tranquilitos, como diciendo: ya estamos a salvo…

Una está al otro lado del Arcoiris. Y Ramón y Guillem están en un auténtico paraíso.”

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